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Ciudades que no estaban pensadas para nosotras

  • Foto del escritor: Sara Roig
    Sara Roig
  • 20 abr
  • 2 Min. de lectura

Hay algo que no cuestionamos lo suficiente: la forma de las ciudades.


Aprendes pronto a moverte.


Esquivar.


Adaptarte.


Calcular.


Qué calle coger. A qué hora volver. Dónde parar y dónde no.


Y todo eso lo normalizas.


Como si fuera inevitable.Como si la ciudad fuera así por naturaleza.

Pero no lo es.


El libro Urbanismo feminista, de Col·lectiu Punt 6, pone en palabras algo que muchas veces solo se siente: que el espacio que habitamos no es neutro.


Aprender a ver lo que siempre estuvo ahí

Hay libros que te enseñan algo nuevo. Y otros que te enseñan a mirar lo de siempre, pero de otra manera.


Después de leerlo, es difícil no volver a tu propio barrio con otra mirada.

Empiezas a notar cosas:

Los trayectos pensados como líneas rectas, cuando tu día nunca lo es.Las calles que parecen otra según la hora, vacías a mediodía, llenas de prisas en hora punta. Los tiempos invisibles: acompañar a alguien, esperar, cuidar.


Y entiendes algo importante, no es casualidad, es diseño.


Durante décadas, el diseño ha estado al servicio de una sola manera de vivir.


El usuario estándar no existe


Como diseñadora gráfica, esto atraviesa directamente.


Porque lo hemos oído mil veces: “esto tiene que funcionar para todo el mundo”, pero “todo el mundo” no existe.


En la ciudad, como en cualquier diseño, siempre hay un modelo de persona escogido, aunque no se vea.


Históricamente, ese alguien ha sido: productivo, autónomo, sin cargas de cuidado, con movilidad plena.


Alguien que no se parece a muchas de nosotras.


Ni a nuestras madres.Ni a nuestras abuelas. Ni a la vida real.


El urbanismo feminista no propone añadir inclusión como capa final, sino empezar desde otro sitio, desde quienes nunca han estado en el centro.


Diseñar desde la vida


No partir del plano perfecto, sino de escuchar, observar, recorrer, preguntar.


Cosas que, en teoría, también forman parte de nuestro trabajo… pero que a veces dejamos en segundo plano.


Porque diseñar desde un estudio no es lo mismo que diseñar desde lo que pasa fuera, en la calle, en lo cotidiano.


Y es ahí donde realmente se diseñan las cosas que importan.


Cuando el diseño deja de ser invisible


Siempre se dice que el buen diseño es invisible, discreto.


Este libro hace algo incómodo: te obliga a reconocer que muchas decisiones que parecían “normales” no lo son tanto, y que esas prioridades no siempre nos han tenido en cuenta.


¿Y si diseñamos poniendo la vida en el centro?


Pero la vida de verdad. La de los ritmos lentos.La de los cuidados.La de los recorridos que se alargan.


Una ciudad que tenga en cuenta todo eso. Que no solo funcione, que también acompañe.


Lo que esto cambia (también) en diseño


Es inevitable preguntarse.


“¿Esto funciona?”


Pero y si nos preguntamos: “¿Y para quién funciona, en realidad? ¿Y para quién no?” o  “¿a quién se parece la persona para la que estoy diseñando?”


Diseñar con intención


Hay algo que este libro deja claro: diseñar no es solo resolver, es posicionarse.

Y cuando vienes de un barrio, eso se nota más. Porque sabes que lo ‘’normal’’ muchas veces no existe. Que lo estándar suele tener forma muy concreta. 


Porque quedarse fuera… no es teoría. Es algo que se siente, cada día.

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