Posicionar es renunciar


Hay una conversación que tengo con cierta frecuencia con fundadores y CEOs que llegan a hablar de posicionamiento.
En algún momento, cuando les pregunto a quién no van dirigidos, se quedan en blanco.
No porque no sepan la respuesta. Sino porque nunca se han permitido formularla.
En la cabeza de casi todos los líderes existe una resistencia profunda a decir en voz alta: "Este cliente no es para nosotros." Como si renunciar a cualquier segmento de mercado fuera una amenaza para el negocio en lugar de una condición para construirlo.
Lo que posicionamiento significa realmente.
El posicionamiento no es una declaración de lo que eres. Es una declaración de lo que eliges ser, sabiendo que esa elección te hace irrelevante para algunos y esencial para otros.
Una marca posicionada no intenta gustarle a todos. Intenta importarle profundamente a alguien específico. Y esa profundidad solo es posible cuando has renunciado a la amplitud que te haría superficialmente aceptable para todos.
La marca sin posicionamiento no es neutral. Es invisible. Ocupa un espacio en el mercado sin crear ningún territorio propio. Compite por precio porque no tiene ninguna otra razón para ser elegida.
El coste de intentar gustarle a todos.
He visto esta dinámica muchas veces: una empresa que ha crecido añadiendo servicios a medida que los clientes los pedían, sin una lógica de posicionamiento que gobierne qué acepta y qué rechaza. Llega un punto en que puede hacer muchas cosas para muchos tipos de cliente, pero no tiene ninguna razón poderosa para ser la primera opción de nadie.
La solución que casi siempre se propone es hacer más cosas o comunicar mejor. Más marketing, mejor web, más contenido.
La solución real es la contraria: elegir. Decidir qué problema resuelve mejor que nadie, para quién, y qué va a dejar de hacer para poder sostener esa promesa con credibilidad.
Esa decisión duele. Siempre. Porque implica decirle que no a clientes reales, a ingresos que parecen seguros, a oportunidades que se presentan.
Pero es la única que genera una posición defendible.
La prueba más simple.
Hay una frase que uso mucho en proyectos: "Si tu propuesta de valor encaja en tu competidor cambiando solo el logo, no tienes un posicionamiento. Tienes una descripción."
Una descripción dice lo que haces. Un posicionamiento dice por qué eres la única opción razonable para alguien específico con un problema específico.
La diferencia entre ambas se nota en el precio que puedes cobrar, en los clientes que te buscan, en el talento que consigues atraer.
¿A quién le resulta tu empresa esencial? ¿A quién le resulta simplemente aceptable? La distancia entre ambas respuestas es el trabajo de posicionamiento que queda por hacer.



Comentarios