¿Cómo estamos entendiendo el diseño?

Cada vez que aparece una herramienta nueva hacemos exactamente lo mismo: primero la rechazamos, después la romantizamos y, unos años (incluso meses y días) más tarde, deja de ser noticia. Pasó con la fotografía digital, con internet, con las redes sociales y ahora está pasando con la inteligencia artificial.
Podríamos discutir durante horas si la IA es buena o mala.
No es una conversación menor.
Pero hay otra que interesa todavía más.

¿Qué idea del diseño estamos construyendo alrededor de ella?
Hoy cualquiera puede generar un logotipo, una ilustración, una imagen o un cartel en cuestión de segundos.
Y eso se nota. No sólo en internet. También en la calle. En tu ciudad, pueblo o barrio.
Empiezas a fijarte en los carteles de un festival, en la publicidad de una tienda, en la gráfica de un evento o en la campaña de una marca y aparece una sensación difícil de explicar: todo empieza a hablar el mismo idioma.
Quien tiene ojo para el diseño sabe si algo está hecho con inteligencia artificial.
Las mismas composiciones.
Las mismas texturas.
Las mismas tipografías.
El mismo tipo de ilustración.
La misma obsesión por impresionar.
Y, sobre todo, la misma falta de identidad.
Porque diseñar nunca consistió en hacer imágenes. Igual que dibujar nunca significó tan solo mover un lápiz.
No es una cuestión de ejecución, sino de mirada.
De entender antes de proponer. De saber qué merece existir y qué no.
Mientras tanto, seguimos produciendo imágenes a una velocidad imposible de asumir.
Ilustraciones impecables (o no tanto).
Marcas impecables (o no tanto).
Campañas impecables (o no tanto).
Todo parece correcto (o no tanto).
Y quizá ese sea el problema. Cuando todo parece suficiente, dejamos de preguntarnos si realmente era necesario.
La IA no solo acelera la producción. También acelera una manera de consumir la creatividad: hacer más, más rápido y durante menos tiempo. Y acabamos confundiendo cantidad con calidad, producción con cultura y velocidad con talento.
Bauman hablaba de la modernidad líquida. De una sociedad donde todo cambia y adaptarse es casi una obligación. Lo que no comparto es esta otra liquidez que convierte cualquier idea en contenido de usar y tirar.
No es lo mismo evolucionar que caducar.
No es lo mismo experimentar que alimentar un flujo infinito de imágenes que mañana nadie recordará.
Porque cuando todo nace para desaparecer, también dejamos de valorar el tiempo que requiere construir algo que merezca quedarse.
Una conversación incómoda.
Una investigación.
El criterio.
Eso también es diseño.
Sí, preocupa que la IA sustituya parte del trabajo de los/las creativas. Pero también preocupa todavía más que acabe sustituyendo nuestra manera de ver y pensar.
Que terminemos diseñando igual que cómo funciona un algoritmo.
Optimizando.
Acelerando.
Repitiendo.
(Re) Produciendo.
Quizá el verdadero éxito dentro de unos años no sea generar ‘’imágenes espectaculares’’. Sino encontrar una identidad en un mundo empeñado en que todas las imágenes (o todo) se parezca.




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